Precipitaciones de diversa intensidad trajeron un respiro a los cultivos de la campaña gruesa, aunque la distribución irregular del agua mantiene la preocupación en algunos sectores productivos.

El sector agrícola nacional recibió con alivio la llegada de un frente de inestabilidad que trajo precipitaciones necesarias para sostener el desarrollo de los cultivos de verano. Se informó que chaparrones de mediana intensidad recargan perfiles y dan alivio dispar a soja y maiz en gran parte de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Estas lluvias son fundamentales para los lotes que se encuentran en etapas críticas de definición de rinde, permitiendo recuperar la humedad necesaria tras varias jornadas de altas temperaturas. Sin embargo, los técnicos agrónomos advierten que la distribución del agua no fue uniforme, dejando algunas zonas todavía con niveles de estrés hídrico preocupantes. Los productores del norte bonaerense reportaron acumulados importantes que aseguran la terminación de la soja de primera, mientras que hacia el oeste los registros fueron menores. El maíz tardío también se vio beneficiado por este cambio climático, frenando la pérdida de hojas que se venía observando por el calor extremo del mes de febrero. La bolsa de cereales mantiene sus estimaciones de producción, aunque aguarda los reportes de campo de las próximas 48 horas para ajustar los números definitivos. Se espera que la inestabilidad continúe durante el resto de la semana, lo que podría completar la recarga de las napas en los sectores más castigados por la sequía. Muchos colonos manifestaron que esta lluvia «llegó justo a tiempo» para salvar el potencial de cosecha en tierras que ya estaban al límite de su capacidad. La mejora en las condiciones ambientales también favorece el estado sanitario de las plantas, reduciendo la presión de algunas plagas que prosperan con el tiempo seco.

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