Las lluvias de febrero dieron cierto alivio, pero el futuro de la soja de segunda dependerá del clima de marzo.

En febrero, las precipitaciones acercaron el nivel de humedad del suelo a lo esperado para la época del año, aunque no alcanzaron a compensar completamente el impacto de la sequía de enero. Según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario, un 30 % de la región núcleo sigue con reservas hídricas por debajo de lo necesario para un buen desarrollo de los cultivos.

La soja de segunda, plantada más tarde y afectada por el estrés térmico, pudo reactivarse luego de las lluvias, pero su crecimiento está lejos de los niveles observados en campañas anteriores. Los rindes estimados rondan los 30 quintales por hectárea, unos pocos menos que el año pasado, y los resultados finales quedarán supeditados a las condiciones climáticas de marzo.

El panorama productivo presenta contrastes por zonas: mientras en áreas con mejores lluvias los rendimientos son aceptables, otras regiones sufrieron daños por granizo y fuertes vientos, con pérdidas significativas en algunos lotes. La falta de agua durante etapas críticas afectó de manera desigual al cultivo, generando dudas sobre su recuperación completa.

Además de la soja, otros cultivos como el maíz muestran variaciones según el clima y las condiciones del suelo, con rindes que en algunos casos se mantienen altos y en otros se ven limitados por eventos climáticos adversos. El ingreso de un frente frío y nuevas lluvias podrían definir el rumbo de la campaña gruesa en las próximas semanas.

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