Investigadores especializados analizan los procesos biológicos internos de la planta para optimizar la calidad de los arándanos y ganar competitividad en los mercados externos.

El sector frutihortícola nacional busca consolidar su posición como uno de los principales proveedores mundiales de berries a través del conocimiento técnico aplicado. Se conoció que especialistas en arandanos buscan mejorar el cultivo desde el corazon de la flor, estudiando específicamente cómo los polinizadores y las condiciones térmicas afectan el desarrollo inicial del fruto. Este estudio, liderado por ingenieros agrónomos y biólogos, busca identificar las variedades que mejor se adaptan a los cambios climáticos extremos registrados en la zona núcleo en las últimas temporadas. El objetivo final es lograr un arándano con mayor calibre y una vida postcosecha más prolongada, requisitos fundamentales para los envíos a largas distancias. Argentina cuenta con una ventaja comparativa por su producción en contraestación, pero la competencia regional exige una mejora constante en la eficiencia por hectárea. El informe resalta la importancia de integrar la tecnología de datos con la observación fisiológica tradicional para predecir los picos de maduración de manera exacta. Los productores que han adoptado estas nuevas prácticas de manejo reportan una disminución en la caída de flores y una mayor uniformidad en el color de la fruta. Se espera que estos avances científicos se traduzcan en un incremento de las exportaciones y en una mejora en los precios obtenidos en los mercados de Estados Unidos y Europa. La capacitación de los trabajadores rurales en estas nuevas técnicas de cuidado floral es un pilar fundamental del proyecto institucional. El arándano sigue siendo un motor económico vital para muchas localidades del interior, generando miles de empleos directos durante los meses de recolección manual.

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