La industria oleaginosa argentina atraviesa un giro inesperado: el girasol despunta con cifras extraordinarias mientras la soja muestra su peor desempeño en tres años. En los primeros cinco meses del ejercicio, la molienda de girasol llegó a 2,3 millones de toneladas, el volumen más elevado desde el inicio del siglo veintiuno.
Esta expansión del procesamiento de girasol marca un quiebre en las tendencias históricas del agronegocio local. Frente a este crecimiento, la soja acumula un retroceso preocupante, con industrialización en su nivel más bajo en treinta y seis meses consecutivos.
El fenómeno resulta inusual en un contexto donde la soja ha predominado durante décadas como el cultivo estrella de Argentina. La inversión en plantas de molienda de girasol, junto con mejores condiciones de comercialización y demanda internacional, explican parcialmente este cambio de escenario.
Los datos del inicio de año evidencian un reordenamiento en las prioridades del sector. Mientras las plantas de girasol operan a máxima capacidad con volúmenes récord, las instalaciones destinadas a la soja enfrentan subutilización y contracción operativa.
Esta tendencia tiene implicancias directas para agricultores, industriales y el comercio exterior. El girasol representa ahora una alternativa más atractiva en términos de rentabilidad y procesamiento, desplazando parcialmente la hegemonía que la soja mantenía en el complejo oleaginoso nacional.
El contexto internacional también incide en estos movimientos. Cambios en la demanda global, fluctuaciones de precios y oportunidades comerciales favorecen actualmente al girasol, mientras que la soja enfrenta vientos en contra que se reflejan en la retracción de su industrialización doméstica.
Imagen: Peter Poluch / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural





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