La empresa Bonin nació en 1978 de una decisión muy concreta: tres hermanos, enfrentando restricciones económicas agudas, utilizaron las ganancias que generaban con venta de verduras para iniciar un emprendimiento avícola. No tenían grandes capitales ni acceso a tecnología moderna. Lo que sí tenían era disponibilidad para trabajar en la faena manual de pollos, comenzando operaciones en pequeña escala.
Transcurridas casi cinco décadas, la situación cambió de manera radical. Bonin hoy es una avícola con aproximadamente 800 empleados que exporta sus productos y proyecta estrategias de agregado de valor. El salto de lo artesanal a lo industrial ocurrió progresivamente, mediante reinversión de utilidades y decisiones orientadas al crecimiento.
El desarrollo de la empresa fue acompañado por una gestión que mantuvo el carácter familiar del negocio. Los hermanos Bonin conservaron la dirección mientras profesionalizaban operaciones, mejoraban infraestructura y ampliaban equipos de trabajo. Esta combinación entre raíces familiares y modernización resultó exitosa para escalar la producción.
Una de las apuestas estratégicas actuales de la compañía es el agregado de valor en productos avícolas. Esta línea de trabajo permite diferenciar oferta en mercados competitivos y mejorar márgenes de rentabilidad. El agregado de valor es una vía utilizada por numerosas empresas del sector agropecuario para potenciar presencia en mercados internacionales.
La historia de Bonin se inscribe en una tradición de emprendimientos rurales argentinos que logran crecer desde orígenes humildes. La persistencia, la capacidad de adaptación y la reinversión de ganancias constituyen factores comunes en este tipo de trayectorias. La empresa continúa consolidándose como referente en el sector avícola nacional, demostrando que desde situaciones de precariedad es posible construir empresas de significativa envergadura.
Imagen: Rosy Fields / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo





Deja una respuesta