Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el precio real de la harina de soja se mantiene sin cambios significativos respecto a 1998, a pesar del crecimiento sostenido en la demanda internacional. Este estancamiento representa una particularidad notable en los mercados de productos básicos agrícolas.

El fenómeno encuentra su origen principal en la expansión de la industria de biocombustibles durante las últimas décadas. Este sector impulsó notablemente el desarrollo de la molienda en Estados Unidos y Brasil, las principales potencias en la producción de derivados de soja a nivel mundial. La capacidad productiva expandida en estos países generó un aumento de oferta que compensó exactamente el crecimiento de la demanda.

Esta confluencia entre mayor disponibilidad y mayor consumo resultó en un equilibrio de mercado que mantuvo los precios relativamente planos en términos reales. Cuando se descuenta la inflación acumulada en 26 años, las cotizaciones internacionales prácticamente no variaron, un resultado inusual dado el contexto de demanda creciente.

Los productores y empresas molenderas enfrentan un escenario económico desafiante derivado de esta realidad. Aunque incrementaron sustancialmente los volúmenes comercializados, los precios unitarios no acompañan esa expansión. Simultáneamente, los costos operativos sufrieron aumentos importantes: combustible, maquinaria, insumos y servicios se encarecieron considerablemente.

El resultado es una presión permanente sobre los márgenes de rentabilidad que requiere búsqueda constante de eficiencia y reducción de costos. Las operaciones deben optimizarse continuamente para mantener viabilidad económica en un contexto donde el precio del producto no avanza en línea con la inflación general.

Este análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario ofrece una perspectiva crucial sobre las dinámicas actuales del mercado internacional de oleaginosas. Para Argentina, como jugador estratégico en la producción y exportación de soja, comprender estos determinantes resulta esencial para evaluar la viabilidad económica del sector en el mediano y largo plazo.

Imagen: MELQUIZEDEQUE ALMEIDA / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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