Cultivos como la colza, la carinata y la camelina se consolidan como alternativas productivas con potencial para biocombustibles, impulsadas por la demanda global de descarbonización.

En un contexto global orientado a la reducción de emisiones, las oleaginosas de invierno comienzan a adquirir relevancia en el sistema agroindustrial. Cultivos como la colza, la carinata y la camelina son señalados como materias primas para biocombustibles de segunda generación, según un informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba.

Estos biocombustibles se presentan como una alternativa que reduce la competencia con la producción de alimentos y disminuye la huella ambiental en comparación con los combustibles convencionales.

De acuerdo con datos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, el sector energético es responsable de cerca del 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En este escenario, los combustibles sostenibles de aviación surgen como una opción para mitigar el impacto ambiental del transporte aéreo.

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