El empleo registrado continúa cayendo, evidenciando un problema que las medidas de estabilización no han logrado resolver. Este fenómeno marca uno de los desafíos más críticos del programa económico y sugiere que se requieren cambios profundos en la estructura del modelo.
La persistencia de esta caída laboral refleja una desconexión entre los objetivos de estabilidad macroeconómica y la reactivación productiva. Para cerrar esta brecha, especialistas identifican tres ejes de acción fundamentales.
El primero de ellos apunta a transformaciones en el sistema previsional. Una reforma pensional permitiría realinear gastos y liberar espacio fiscal para invertir en otras prioridades económicas que estimulen la generación de empleo.
En segundo lugar, se destaca la importancia de una reducción tributaria. La disminución de impuestos sobre empresas y trabajadores podría fortalecer la inversión privada y, por ende, ampliar las posibilidades de contratación en la economía formal.
Una tercera línea de acción involucra mejorar las condiciones de crédito. Facilitar el acceso a financiamiento para pequeñas y medianas empresas, así como para emprendimientos, constituye una herramienta para dinamizar la actividad productiva.
Sin estos cambios, la economía enfrenta un panorama complicado. El empleo formal funciona como termómetro de la salud económica general, y su deterioro anticipa dificultades más profundas si no se interviene.
La estabilización de precios, logro importante del programa actual, no puede ser el único objetivo. La recuperación sostenible requiere que la producción crezca y con ella, las oportunidades laborales. Solo reformas estructurales, combinadas con políticas que favorezcan la inversión y el crédito, pueden revertir la tendencia negativa que hoy caracteriza al mercado de trabajo.
Imagen: Isaac Smith / Unsplash – Con informacion de Ámbito





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